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El Abierto de Venezuela de Golf y una grata sorpresa

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Desde el momento en que se me ofreció la posibilidad de cubrir un torneo de golf sentí algo de incertidumbre en mi interior. La oportunidad de ampliar el abanico de experiencias de mi joven carrera periodística me impulsó a dar un sí, pero como era de esperarse, los prejuicios e inquietudes lastraron un poco la que pudo haber sido una efusiva respuesta afirmativa.

Y es que en La Hiena Sport estamos acostumbrados a gestionar información sobre aquellos deportes que podríamos considerar «comunes» dentro de esta sociedad que mezcla la cultura caribeña con la sudamericana. Obviamente, el béisbol, baloncesto y fútbol son el pan de cada día para los venezolanos, y pensar en salir de este paradigma es algo que genera cierto «respeto».

Sin embargo, el portal desde el que escribo en este momento no sería el hospedador principal de nuestras producciones periodísticas, sino que más bien haríamos una colaboración con Élite 99.5 FM. ¿El motivo? Pues, el ingeniero Yony Matotoro, dueño del circuito, es amante de esta disciplina y básicamente fue quien se encargó de ayudarnos a gestionar las credenciales, a cambio de apoyar con nuestro trabajo a la emisora.

Fue así cómo nos embarcamos en una extraña —para nosotros— travesía en medio de un mundo totalmente desconocido. Llegué al Guataparo Country Club el primer día del torneo, junto a Melany Villarreal, colaboradora de La Hiena, y Freddy Mendoza, locutor y gerente de operaciones de Élite…

Conforme nos adentrábamos en el lugar, se comenzó a edificar una realidad particularmente agradable a nuestro alrededor, con campos de un impecable verdor e inconfundible olor a césped fresco. Los jugadores, vestidos de pantalones monocromáticos y chemises elegantes caminaban lentamente dentro de la cancha, con la mirada fija en el horizonte mientras pensaban en su siguiente tiro. Los swings también estaban dotados de cierta gracilidad, y las diminutas pelotas atravesaban el aire con coraje, recorriendo distancias inimaginables en cuestión de segundos. Todo esto, que la sociedad siempre había tildado de «aburrido», a mí me parecía sencillamente fascinante.

Y así transcurrieron los días, recorriendo junto a los golfistas grandes distancias a pie, cuidando guardar un silencio sepulcral para evitar estorbarles. Intentamos seguirle la pista a Richard Rojas, quien nos había tratado particularmente bien antes del inicio del evento. Entre la lluvia y la gran extensión de terreno nos detuvieron en aquella curiosa búsqueda, pero al menos pudimos seguir de cerca a Jaime Acevedo en aquella jornada inicial.

Ocasionalmente, subíamos al mirador y contemplábamos la vista desde el restaurante o nos dábamos una vuelta por los stands de las marcas que exhibían sus productos. Ciertamente, al venir de otra atmósfera social, por momentos llegábamos a sentirnos un poco fuera de lugar, pero esto desaparecía al bajar y escuchar los pájaros sobre los árboles en perfecta armonía con el sonido de los drivers rompiendo el viento.

Podía palparse perfectamente la tensión y el ambiente competitivo. Los protagonistas de esta historia permanecían inmutables a los treinta o cuarenta metros de distancia que poníamos entre nosotros y ellos, aunque ciertamente algunos nos llegaban a hacer gestos de amables saludos o soltaban alguna que otra risa nerviosa con sus caddies, quizá contándoles alguna anécdota interna o lamentándose sobre alguna situación.

Finalmente, vimos a Virgilio Paz dar la sorpresa y coronarse campeón del torneo. Se trataba de un muchacho de tan solo 17 años del que escuchamos hablar muchísimo en los pasillos del club. Estuvimos presentes en todo momento e intentamos —en la medida de lo posible— seguirle la pista durante ese último día, incluyendo su consagración en el hoyo 18 ante un público expectante. No nos quedamos a la celebración porque nuestro trabajo ya había terminado, y francamente, nos llamaba mucho más la atención lo deportivo que lo protocolar. Sin embargo, esta XXXVII edición del Abierto de Venezuela nos hizo enamorarnos un poco del golf y representó una experiencia inigualable desde lo profesional.

Extendemos nuestra felicitación a todos los que formaron parte de ello. Esperaremos con ansias la próxima edición.

Texto escrito por Ángel Torres

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